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Antonio Ramos, Flavia Gandolfo, Juan Enrique Bedoya, Luz María Bedoya y Roberto Huarcaya
En el principio los fotógrafos eran casi alquimistas. Lo hacían todo, desde la emulsión de sus negativos hasta la copia final. Un proceso complicado que, con el tiempo, se iría haciendo a la vez más complejo y más simple: los medios técnicos se volverían tan sofisticados que solo la industria sería capaz de proveerlos pero , a la vez, ese trasvase de responsabilidades haría a los fotógrafos más libres en su investigación visual. La primera exposición suficientemente rápida como para capturar el gesto de un rostro, la primera cámara de mano libre del trípode, la primera Leica y su sorprendente versatilidad, todo ello ha dejado patrones y cánones expresivos de lado, pero, a la vez, ha abierto a los fotógrafos nuevos horizontes de exploración visual.
Algo se pierde y algo se gana con cada innovación. Sin embargo, desde los negativos en vidrio y el papel albuminado hasta el snapshot incidental con la cámara del celular, la búsqueda sigue siendo la misma: el equilibrio entre posibilidades técnicas y necesidades expresivas. [...]
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